En el mercado legal todavía persiste una convicción bastante arraigada: que una buena reputación alcanza; que una trayectoria sólida, una práctica consistente y años de reconocimiento profesional siguen siendo suficientes para sostener prestigio, atraer clientes y abrir oportunidades. Durante mucho tiempo eso fue cierto, hoy, cada vez menos.
Hay abogados excelentes, incluso figuras muy reconocidas en sus áreas, cuya presencia digital está congelada en otra época. Perfiles de LinkedIn desactualizados, fotos viejas, títulos genéricos, trayectorias mal contadas o directamente ausentes, actividad nula. Nada de eso invalida sus méritos, pero sí genera un problema: quien lo busca por primera vez, no lo encuentra.
Ese es el punto incómodo que la profesión todavía se resiste a asumir: la reputación offline no se traduce sola al mundo digital.
No se trata solo de marketing, ni de narcisismo profesional, ni de transformar la abogacía en un ejercicio de autopromoción, se trata de algo bastante más concreto: hoy la confianza también se verifica online. Antes de una reunión, antes de una recomendación, antes de sumar a alguien a un directorio o considerar un estudio para un asunto relevante, lo primero que suele pasar es una búsqueda y en esa búsqueda, la ausencia también comunica. Comunica desactualización, comunica descuido y a veces, incluso, una falta de lectura del contexto.
Mientras tanto, abogados más jóvenes, con menos trayectoria, pero con mayor claridad para mostrar lo que hacen, ocupan ese espacio. No necesariamente porque sean mejores, sino porque muchas veces son más visibles, más comprensibles y fáciles de validar.
La discusión no pasa por “estar en redes” como una obligación superficial, sino por entender que el nombre profesional hoy circula también por ahí y que una presencia digital sobria, bien manejada y actualizada ya no es un detalle accesorio, es parte de cómo se construye credibilidad.
El trabajo bien hecho sigue siendo lo central, pero confiar en que se va a notar solo, sin traducirlo a los códigos actuales de visibilidad profesional, es una apuesta cada vez más débil.
En un mercado donde todos dicen valorar la excelencia, llama la atención la cantidad de abogados excelentes que siguen siendo difíciles de encontrar.
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