Roger Daniel Arias Vera

Soy abogado, ingeniero en sistemas y fundador de Arteclaw, una startup de AI enablement donde desarrollamos soluciones de inteligencia artificial con foco en governance para el ámbito jurídico. Durante más de quince años trabajé en la industria del software, liderando proyectos tecnológicos para empresas nacionales e internacionales. Hoy me especializo en derecho digital, inteligencia artificial, contratos tecnológicos, blockchain y ciberseguridad, intentando construir un puente entre dos disciplinas que marcaron mi vida: la tecnología y el Derecho. Más que cambiar de profesión, creo que encontré el lugar donde todas las experiencias anteriores finalmente se unieron.

 

¿Por qué elegiste estudiar Derecho?

Curiosamente, el Derecho siempre estuvo en mi vida.

Mi padre es abogado, mi padrino también, y crecí rodeado de conversaciones jurídicas. Recuerdo ayudar a mi papá cuando era adolescente con escritos, resolverle cuestiones tecnológicas o simplemente verlo trabajar. Al mismo tiempo, mi mamá es psicóloga clínica, así que también crecí en un ambiente donde se hablaba mucho de las personas, del comportamiento humano y de cómo entendemos la sociedad.

Sin embargo, cuando terminé el colegio quise encontrar mi propio camino.

A los 17 años elegí Ingeniería en Sistemas porque me fascinaba la programación. Me parecía increíble poder comunicarme con una máquina y convertir una idea en algo que funcionara. Sentía que ahí había un mundo infinito por descubrir.

Con el tiempo hice una carrera muy intensa en tecnología. Pasé prácticamente por todas sus etapas: desde montar infraestructura completa para empresas —servidores, redes, active directory, firewalls— hasta desarrollar software empresarial, liderar equipos, diseñar arquitecturas y dirigir proyectos para compañías multinacionales.

Después vino un MBA porque quería entender el mundo de los negocios. Más tarde estudié Fotografía, otra pasión que terminé llevando al nivel de una licenciatura.

Y recién entonces entendí algo.

Para mí, aprender nunca fue coleccionar títulos.

Siempre imaginé el conocimiento como un viaje por un bosque. A medida que avanzás vas encontrando herramientas: algunas son una brújula, otras un mapa, otras sirven para construir un puente y otras para sobrevivir. Muchas veces ni siquiera sabés cuándo las vas a necesitar. Simplemente las guardás porque intuís que algún día van a ayudarte a resolver un problema.

Nunca estudié para colgar un diploma en una pared. De hecho, creo que jamás lo pensé.

Estudié porque cada disciplina me daba una herramienta nueva para entender mejor el mundo.

Cuando decidí empezar Derecho en 2020 sentí que, en realidad, estaba volviendo a casa.

No abandoné la ingeniería; la complementé.

Hoy creo que mi trabajo consiste justamente en unir la tecnología con el Derecho, sin perder nunca de vista que detrás de cualquier sistema siempre hay personas.

¿Qué virtud personal valorás especialmente en vos?

La curiosidad.

Nunca me conformé con entender solamente la superficie de las cosas.

Cuando un tema despierta mi interés puedo pasar horas investigándolo simplemente porque necesito comprender cómo funciona.

Esa curiosidad terminó llevándome a estudiar disciplinas muy distintas entre sí y, curiosamente, hoy todas dialogan entre ellas.

¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener?

Me gustaría poder regalar tiempo.

Creo que el tiempo es el recurso más valioso que tenemos.

En cierto modo, creo que la inteligencia artificial también apunta hacia eso: automatizar lo repetitivo para que podamos dedicar más tiempo a pensar, crear y compartir con otras personas.

¿Qué te gustaría hacer en el futuro que hoy todavía no pudiste?

Me gustaría contribuir a construir estándares latinoamericanos sobre inteligencia artificial y derecho.

Estamos viviendo un momento histórico y creo que nuestra región puede aportar muchísimo si logra combinar excelencia técnica con una mirada profundamente humanista.

¿Tenés algún talento oculto?

No sé si es un talento oculto, pero disfruto muchísimo investigar.

Puedo entusiasmarme leyendo un paper científico, una sentencia judicial, documentación técnica o un libro sobre fotografía con la misma intensidad.

Me gusta aprender por el simple placer de entender.

¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra?

Recordar que siempre hay alguien que sabe mucho más que yo.

La inteligencia artificial me reforzó muchísimo esa idea.

Cada vez que profundizo en un tema aparecen diez disciplinas nuevas que todavía no conozco.

Lejos de frustrarme, eso me recuerda que aprender es un camino que nunca termina.

También aprendí que existe algo que llamo "conocimiento latente.

Muchas veces estudiás un tema durante horas solo para descubrir que no era exactamente la respuesta que buscabas. Pero ese conocimiento no desaparece. Queda ahí, esperando conectar con otra idea en el futuro.

Creo que el cerebro trabaja mucho más por conexiones que por compartimentos.

¿Qué te da confianza en vos?

Haber comprobado varias veces que siempre se puede volver a empezar.

Ingeniería, negocios, fotografía, Derecho…

Cada vez que fui nuevamente principiante descubrí que aprender sigue siendo una de las experiencias más estimulantes que existen.

¿Qué libro recomendarías sin dudar?

Es difícil elegir uno solo porque cada etapa de mi vida tuvo sus libros.

Si pienso en cómo tomamos decisiones, recomendaría Thinking, Fast and Slow, de Daniel Kanehman.

Pero también hubo otros que me marcaron muchísimo desde lugares completamente distintos.

La cámara lúcida, de Roland Barthes , cambió mi forma de mirar la fotografía.

La era del vacío y El imperio de lo efímero, de Gilles Lipovetsky, me hicieron pensar de otra manera la cultura contemporánea.

Y últimamente estoy disfrutando mucho El camino del artista, de Julia Cameron, porque propone recuperar la creatividad como una práctica cotidiana.

¿Qué música suele acompañarte?

La música fue una parte enorme de mi vida.

Durante aproximadamente quince años fui músico y la batería fue mi instrumento principal. También aprendí bajo, guitarra y piano.

Recuerdo pasar tardes enteras encerrado en mi habitación sacando una canción instrumento por instrumento para después ensayarla con mi banda buscando que sonara lo mejor posible.

Musicalmente soy bastante inquieto.

Los Beatles marcaron mi adolescencia.

Después llegaron The Doors, Toto, Guns N' Roses, Bon Jovi y toda la época del grunge.

Más adelante descubrí el blues y el jazz.

Stevie Ray Vaughan, Chick Corea, Jeff Porcaro, Steve Vai y John Mayer son músicos a los que siempre vuelvo porque combinan una técnica extraordinaria con muchísima sensibilidad.

Y cuando necesito concentrarme, casi siempre termino escuchando bandas sonoras de películas o música instrumental.

¿Qué referente cultural te inspira?

Siempre me fascinó la historia de Silicon Valley.

No solamente por las empresas, sino por las personas que las hicieron posibles.

Me gusta entender cómo pensaban Bill Gates, Paul Allen, Steve Jobs o Steve Wozniak, cómo Xerox PARC cambió la historia de la computación y cómo una serie de ideas terminaron transformando el mundo.

Más que el éxito empresarial, me inspira la capacidad de imaginar algo que todavía no existe.

¿Tenés alguna frase o lema que te represente?

"No dejes nunca de aprender."

Porque creo que aprender es la forma más linda de mantenerse vivo intelectualmente.

¿Qué hacés para desconectarte?

Caminar.

Muchas veces las mejores ideas aparecen cuando dejo de intentar encontrarlas.

También disfruto muchísimo leer sobre temas completamente distintos al que estoy trabajando.

¿Qué te emociona y qué te da orgullo?

Me emociona aprender algo nuevo.

Y me llena de orgullo cuando una herramienta que desarrollamos realmente mejora el trabajo de otra persona.

No hay mejor sensación que construir algo útil.

¿Qué aplicación usás más?

Probablemente Claude Code o cualquier GPT.

Lo uso para investigar, debatir ideas, escribir, cuestionar mis propias conclusiones y explorar caminos que quizás no habría considerado solo.

Más que pedir respuestas, intento usarlo para pensar mejor.

¿Cómo te llevás con la inteligencia artificial?

Soy un entusiasta.

Pero también creo que cuanto más poderosa es una tecnología, mayor es nuestra responsabilidad.

Por eso me interesa tanto trabajar en gobernanza, calidad y derecho aplicado a la inteligencia artificial.

Innovar también implica hacerse cargo de las consecuencias.

¿Qué hábito digital no podés soltar?

Abrir una pestaña para buscar una cosa y terminar leyendo veinte temas distintos.

Empiezo investigando una norma y termino leyendo un paper sobre modelos de lenguaje, arquitectura de software o filosofía de la tecnología.

Todavía no encontré la forma de evitarlo.

¿Qué actividades te conectan con tu creatividad?

Cruzar disciplinas.

Muchas de las mejores ideas aparecen cuando conectás cosas que, aparentemente, no tenían ninguna relación entre sí.

Considero que la innovación suele nacer exactamente ahí.

¿Qué aprendiste haciendo algo que parecía fuera de tu mundo?

Descubrí que, en realidad, nada estaba fuera de mi mundo.

La fotografía me enseñó a observar.

La música me enseñó a escuchar y trabajar en equipo.

La ingeniería me enseñó a construir.

El Derecho me enseñó a comprender mejor a las personas y a la sociedad.

Hoy creo que todas esas experiencias forman parte de una misma historia.

¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido?

"¿Qué estás aprendiendo últimamente?"

Pienso que esa pregunta dice mucho más sobre una persona que preguntarle únicamente a qué se dedica.

¿Cuál sería el título de tu autobiografía?

"Construyendo puentes".

Porque, mirando hacia atrás, pienso que toda mi vida consistió en conectar mundos que parecían separados: tecnología y Derecho, ingeniería y ciencias sociales, innovación y ética, máquinas y personas.

Y creo que los puentes más interesantes todavía están por construirse.

 

 

Artículos

El INPI adecúa los trámites de nulidad y caducidad marcaria para acelerar resoluciones
detrás del traje
Nos apoyan