Soy Inés María Poffo, asociada de ZBV abogados, especializada en Real Estate. Me dedico desde hace muchos años al asesoramiento en operaciones y proyectos inmobiliarios, un ámbito que me sigue resultando apasionante porque combina derecha, negocios y relaciones humanas. Me recibí en la Universidad de Buenos Aires. Y aunque disfruto mucho de mi profesión, por suerte mi vida tiene bastantes otros mundos además del jurídico.
¿Por qué elegiste estudiar derecho?
Cuando estaba terminando el colegio no tenía demasiado claro qué estudiar, así que hice un test vocacional. Yo insistí bastante con que me encantaba la historia y, por algún misterioso mecanismo, que claramente no era un algoritmo porque en esa época no existían, el resultado fue “abogacía”. Todavía no sé muy bien cómo llegó a esa conclusión, pero evidentemente algo sabía: acá estoy.
¿Qué virtud personal valoras especialmente en vos?
Creo que mi principal virtud es que soy muy responsable. También puntual, cumplidora y considerada, pero entiendo que todas vienen en el mismo paquete. Humildad, evidentemente, no estaría entre mis virtudes.
¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener? ¿Por qué?
Me encantaría tener una varita mágica que decidiera por mí qué ropa llevar cada vez que me voy de viaje. El superpoder, por supuesto, debería incluir el armado de la valija. Si además lograra que todo entrara y no me olvidara nada, sería invencible.
¿Qué te gustaría hacer en el futuro que hoy todavía no pudiste?
Es confidencial. No quiero que me roben las ideas.
¿Tenés un talento oculto que pocos conocen?
Escribo. Cuentos, algunas poesías y otros textos difíciles de clasificar. No sé si califica como talento. Como oculto, evidentemente, ya no: acabo de contarlo. Pero, como sea, escribo lo que puedo.
¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra?
Jugar al tenis. Difícil hacerlo con los pies en el aire.
¿Qué te da confianza en vos?
La experiencia. Haber atravesado situaciones muy distintas y comprobar, con los años, que casi siempre existe una manera de resolver las cosas. A veces, por un camino muy distinto del que imaginábamos al principio. También me da mucha confianza saber que, cuando no sé algo, puedo decir “no sé” y ponerme a averiguarlo.
¿Qué libro, película o serie recomendarías sin dudar?
Cien años de soledad, sin ninguna duda. Es uno de mis libros favoritos desde que tengo memoria. Entre las películas, Gladiator. Y en series, Peaky Blinders, Vikingos, Homeland y Fauda. No sé qué dice de mí esta selección, pero sospecho que nada demasiado pacífico.
¿Qué música suele acompañarte en tu rutina?
Soy bastante ecléctica con la música y depende mucho del momento. Para trabajar necesito silencio; para manejar, cocinar o levantar el ánimo, todo lo contrario: música fuerte. Y si me sé la letra, te hago un recital.
¿Tenés alguna frase o lema que te represente?
Hay una frase que me enseñó hace muchos años un socio del estudio, que fue uno de mis grandes referentes profesionales y a quien recuerdo con enorme cariño. Suena bastante banal, pero para mí encierra una gran verdad: “Mejor ponerse colorado una vez que verde todos los días”. Tiene que ver con hacerse cargo, decir las cosas de frente y resolver aquello que hay que resolver, incluso cuando resulta incómodo. Me parece una fórmula muy eficaz para vivir en paz.
¿Qué te emociona y qué te da orgullo?
Mis hijos. Me emocionan, me sorprenden y son mi mayor orgullo. Son, sin ninguna duda, mis obras de arte favoritas.
¿Cómo te llevás con la inteligencia artificial? ¿Estás más del lado escéptico, curioso o entusiasta?.
Me encanta. Estoy fascinada con el mundo de la inteligencia artificial y con todo lo que todavía estamos empezando a descubrir. Creo que puede ser una herramienta extraordinaria, también para los abogados, pero justamente por eso hay que aprender a usarla bien, con criterio y responsabilidad. Soy definitivamente del grupo de los entusiastas, aunque no de los ingenuos.
¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad?
Formo parte de la Comisión Directiva de la Asociación de Amigos del Museo Fernández Blanco y disfruto muchísimo de las actividades que hacemos allí. Estar cerca del arte me inspira, me despierta curiosidad y me conecta con una parte distinta de mí. Creo que el arte y la espiritualidad son dos dimensiones esenciales del ser humano y trato de hacerles lugar en mi vida.
¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido?
No tengo la menor idea, pero sí sé cuál preferiría que no me hicieran nunca: la edad. En ese caso tengo dos alternativas: no contestar o no decir la verdad. La verdad queda reservada para los documentos legales.
¿Cuál sería el título de tu autobiografía?
“De la caducidad de instancia, traslado.” Es un título solo para entendidos y prefiero no explicarlo.
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