Resumen.
La primera vez que el PDF salió como lo necesitaba, sentí orgullo. Pero también algo más importante. La confirmación de algo que aprendí litigando. No hace falta ser experto en todo. Hace falta compromiso, un objetivo claro, y la capacidad de armar una estrategia y llevarla a la ejecución.
Eso es exactamente lo que hice. Sin saber programar, construí en dos días una extensión para Microsoft Edge que exporta expedientes judiciales de la MEV a PDF, replicando la funcionalidad de una herramienta comercial de pago. Lo hice con modelos de lenguaje, Copilot primero, Claude después. Con las mismas herramientas con las que trabajo un caso. Identifiqué el problema, describí el resultado que necesitaba, detecté cuándo el output era incorrecto y corregí el rumbo hasta llegar al resultado.
Y lo hice de forma éticamente irreprochable. Usé una librería de código abierto, interactué con una plataforma pública del Poder Judicial y construí algo que comparto gratuitamente con mis colegas. Sin apropiación indebida, sin competencia desleal, sin engaño.
Este texto cuenta ese proceso. Y propone una tesis. La competencia que lo hizo posible no fue técnica. Fue jurídica. Y está al alcance de cualquier colega que se anime a intentarlo.
I.- Introducción: el problema concreto.
En este nuevo mundo donde todos los días existen nuevas herramientas tecnológicas, parecía que, en el ámbito legal, al menos en Argentina, se había llegado a una especie de muro.
Lex Doctor, Legal One y similares prometieron modernizar el estudio jurídico y terminaron siendo sistemas de gestión carísimos que resolvían lo que ya resolvía Google Drive. Herramientas de administración vendidas como revolución tecnológica.
Recién ahora empiezan a aparecer propuestas más aplicadas a la práctica cotidiana — FalloBot de Caravario, JurisprudenciaARG de Limanski, DoctIA de Mielnik, TurboLex — que piensan en el abogado que litiga, no en el que administra.
Usando la demo de una de ellas, me encontré con una función muy útil para el ejercicio cotidiano: la posibilidad de exportar el expediente completo desde MEV a un PDF con índice y movimientos en un solo click.
El tema es que se me terminó la demo gratis y, esta vez, decidí no pagar por una suscripción llena de funcionalidades inútiles y, por lo tanto, cara.
Entonces decidí aventurarme usando Copilot a construirlo yo. Sin saber programar. Lo que no sabía todavía era que la competencia que iba a necesitar no era técnica. Era la misma que uso todos los días en el expediente.
II.- El primer intento: dos días con Copilot.
La pregunta inicial fue simple:
-"Tengo abierta una pestaña de la MEV del Poder Judicial de la PBA con el detalle de movimientos de un expediente. ¿Lo podés leer?".
La respuesta fue que sí.
Entonces vino la segunda:
-"¿Cómo hago para descargar todos esos movimientos y sus escritos en un PDF en forma automática?".
La respuesta fue:
1. Usar la propia función de impresión del navegador;
2. Descargar escritos individualmente;
3. Automatizar con extensión del navegador;
4. Usar una opción de descarga si estaba disponible.
Ahí es cuando le adjunté un PDF generado por esta nueva APP que te devuelve, en un solo archivo, todos los movimientos de la MEV (PBA) y el contenido de cada uno de ellos cronológicamente ordenado. Y allí me responde:
Lo que querés lograr se puede hacer de dos maneras, según el nivel de automatización que busques:
1. Opción semi-automática (extensiones de navegador);
2. Opción avanzada (automatización con script).
Ahí es cuando circunscribí precisamente mi objetivo:
“Yo lo que quiero es que me armes una extensión para mi Microsoft Edge que haga lo que te compartí. O sea, me genere un único PDF con los movimientos y posteriormente cada escrito proveído de cada movimiento.”
Su respuesta abrió un nuevo mundo para mí. Me dijo que me iba a explicar paso a paso cómo armar una extensión para el Navegador que hiciera lo que yo necesitaba.
Ahí es cuando me devuelve, 3 imágenes (copiables) con líneas de código en un lenguaje incomprensible, y me indica que tenía que, en una carpeta, crear 3 archivos:
1. “manifest.json”;
2. “background.js” y;
3. “content_script.js”.
Ojo, mi respuesta, literal, fue:
“A ver, no estás entendiendo. En el Punto cómo instalar la extensión definiste: 1. Guardá los tres archivos (manifest.json, background.js, content_script.js) en una carpeta. ¿CÓMO HAGO ESO? ¿Cómo se guardan? ¿En dónde?”
Me responde:
“Cuando te digo “guardá los tres archivos en una carpeta”, me refiero a que vos mismo tenés que crear archivos de texto en tu computadora, con el contenido del código que te pasé. Esa carpeta va a ser la que después cargues en Edge como extensión.”
Para resumir, básicamente tuve que, en una carpeta “X”, apretar botón derecho del mouse, ir a “nuevo” de ahí a “documento de texto” y pegar el “código” que me había indicado y repetir la acción con cada archivo. Después, guardas, volvo al archivo del nombre eliminar la extensión “txt”.
Hecho ello, en 4to lugar, tenía que crear una subcarpeta llamada “libs” y en ella que descargar desde una página llamada Github (me ofreció el link) el archivo “jspdf.umd.min.js”. Básicamente es la herramienta de creación de PDF que usaría mi app para generar el archivo final.
Bueno, ahora tenía que “abrir” el “modo desarrollador” del explorador para poder empezar a probar la aplicación. Acá entré en pánico. O sea, ya el nombre me expulsaba, pero buscando tutoriales logré activar el “modo” en el Explorador. Una vez activado fue bastante intuitivo como “subir” la aplicación.
Ahí apareció el primer muro técnico. Cuando el script se ejecutaba e intentaba abrir los múltiples links de los “movimientos”, la MEV devolvía pantallas vacías o mensajes de sesión expirada.
Otras veces, en lugar del contenido del proveído, aparecía texto irrelevante como "UsuarioMEV: XXXX", "Volver a la búsqueda", "Desconectarse". El sistema bloqueaba cualquier intento de cargar el detalle de cada movimiento en segundo plano.
A partir de ese momento, como no podía acceder directamente al contenido de cada movimiento desde los links, empecé a trabajar siempre tomando como referencia el modelo de PDF que ya tenía de la aplicación original. Ese archivo era mi guía: lo miraba y buscaba que mi extensión se pareciera cada vez más a él. El proceso fue de prueba y error, corrigiendo la aplicación paso a paso. Primero intenté mejorar el índice, después el detalle de cada movimiento, más tarde la paginación, luego los hipervínculos internos, la limpieza del texto y, finalmente, la inclusión de la fecha y hora de generación en el pie de página. Cada ajuste era una vuelta más sobre el mismo problema: algunas correcciones funcionaban y se reflejaban en el PDF, otras no daban el resultado esperado.
Después de dos días, tenía una versión que si bien descargaba un PDF el índice no estaba limpio y los movimientos no se capturaban completos y por lo tanto no era usable en mi práctica.
III.- El salto: unas horas con Claude.
El proceso con Copilot fue, en retrospectiva, indispensable. No porque el resultado fuera usable — no lo era — sino porque me obligó a entender qué era exactamente lo que necesitaba. Cuando llegué a Claude, ya sabía precisar el problema. Y esa precisión fue la diferencia.
El trabajo se desarrolló en cuatro chats. Cada uno arrancaba igual, con un resumen de estado — qué se había hecho, qué funcionaba, qué fallaba — y una instrucción simple. "Confirmá que entendiste, nada más." Sin esa confirmación, no avanzaba.
El primer chat estableció la base y dejó en claro el diagnóstico. La extensión generaba un PDF, pero con tres problemas concretos. La portada capturaba bloques enteros del menú de navegación de la MEV en lugar de los datos reales del expediente. El índice tomaba el HTML completo de la página como descripción del primer movimiento. Y el detalle de cada movimiento aparecía duplicado porque el script iteraba sobre elementos anidados y leía el mismo texto dos veces.
El segundo chat resolvió todo eso y más. Los detalles quedaron limpios, el índice dejó de tener basura, la portada aprendió a leer exactamente los campos correctos y se corrigieron los caracteres corruptos que aparecían en las firmas digitales de los proveídos. Al final de ese chat teníamos la v4, la versión operativa al 100%.
Ahí fue cuando pregunté algo que no tenía nada que ver con programar. "Bomba, quedó joya. Ahora, ¿cómo hago para que la gente pueda instalar la aplicación con un autoejecutable?" Apareció entonces una limitación que yo desconocía completamente. Las extensiones de Edge no se distribuyen como archivos ejecutables. El modelo es otro.
Me explicó tres opciones, de más simple a más formal. Un ZIP para instalación manual entre colegas de confianza. Un archivo “.crx” para instalación con un clic sin pasar por la tienda oficial. O la Microsoft Edge Add-ons Store, distribución profesional, gratuita, con revisión de Microsoft y disponible para cualquier usuario con un solo clic.
Fui por la tercera. Los chats tercero y cuarto fueron exclusivamente para eso. Claude me guió etapa por etapa. Primero preparar el “manifest.json” con los campos obligatorios y los íconos en los tres tamaños requeridos. Después registrarme como desarrollador en el Partner Center de Microsoft. Finalmente empaquetar la extensión desde el propio Edge y subir el archivo al dashboard junto con la descripción, las capturas de pantalla y la categoría.
La extensión quedó publicada y en revisión por Microsoft. Plazo estimado, entre tres y siete días hábiles.
IV.- Conclusión: animarse a prompt codear.
Justin Kan vendió Twitch a Amazon por casi mil millones de dólares y después recaudó 75 millones más para resolver un problema del mundo legal. Fracasó. No por falta de recursos ni de talento técnico, sino porque intentó tecnificar el derecho desde afuera, sin entender qué problema concreto había que resolver y para quién. La escala no reemplaza al diagnóstico. Y el diagnóstico es una competencia jurídica, no tecnológica.
Caravario, Limanski y Mielnik construyeron herramientas útiles. Pero todos tienen en común algo que, hasta hace muy poco, parecía un requisito excluyente: saben programar, o se asociaron con alguien que sabe.
Lo que este proceso demostró es que ese requisito ya no es tal.
La competencia que hizo posible construir esta herramienta no fue técnica. Fue la misma que cualquier litigante ejercita todos los días: identificar el problema con precisión, describir el resultado esperado, detectar cuándo el output es incorrecto y corregir el rumbo. Eso es lo que hice con Claude. No programé — iteré. No escribí código — describí un problema y evalué soluciones.
El prompt coding no es programación disfrazada. Es una forma de interacción con modelos de lenguaje que convierte la capacidad de formular preguntas precisas en una herramienta de construcción concreta. Y formular preguntas precisas es, exactamente, lo que los abogados aprendemos a hacer.
Dos días con Copilot para entender el problema. Unas horas con Claude para resolverlo, publicarlo y dejarlo disponible para cualquier colega en la Microsoft Edge Add-ons Store. Sin saber programar. Sin socios técnicos. Sin inversión.
El muro no era técnico. Era de percepción.
Opinión
Hope Duggan & Silva Abogados



















































































































