El arquitecto de Kirkland ahora quiere reinventar las firmas profesionales
Por Marc Gericó
Gericó Associates

Hace quince años, David Fox ayudó a construir el modelo que convirtió a Kirkland & Ellis en el despacho de abogados con mayores ingresos del mundo. Hoy impulsa una iniciativa que podría cuestionar parte de esa misma fórmula de éxito.

Tras una brillante carrera en Skadden, Fox llegó a Kirkland en 2009 y contribuyó a convertir su práctica de M&A en una referencia mundial. Entendió algo fundamental: las organizaciones ganadoras no destacan solo por el talento, sino por la combinación de talento, relaciones, modelo económico y capacidad de ejecución.

Por eso, resulta tan interesante lo que está haciendo ahora.

Fox es cofundador de Irving Technology, la empresa que desarrolla tecnología para Irving, una nueva firma legal diseñada desde su origen como AI-native. La innovación no está solo en la inteligencia artificial. Está en la estructura.

La firma jurídica conserva la relación con el cliente y la responsabilidad profesional. La compañía tecnológica desarrolla el software, genera propiedad intelectual y puede captar inversión externa. En otras palabras, separa el consejo jurídico, la tecnología y el capital en activos diferentes.

Y ahí está la verdadera disrupción.

 

Durante décadas, las grandes firmas profesionales han crecido financiándose con los beneficios de sus socios. Cuando la tecnología se convierte en una entidad independiente, el capital que no podía entrar en el despacho puede hacerlo a través de la empresa tecnológica que lo rodea.

La IA es solo el catalizador. El cambio real afecta al modelo económico.

La premisa de Irving es que una parte importante del trabajo realizado por abogados junior puede ser automatizada o acelerada, permitiendo que los profesionales se concentren en juicio, estrategia, negociación y relación con el cliente.

Eso pone en cuestión dos pilares históricos de las firmas de élite: la pirámide de apalancamiento que genera rentabilidad y el sistema mediante el cual se forma el talento.

Por eso, la pregunta no es si habrá más o menos abogados. La cuestión decisiva es quién combinará mejor talento humano, tecnología, procesos y capital.

Los ganadores no serán quienes utilicen IA para hacer lo mismo más rápido. Serán quienes rediseñen cómo producen, forman, fijan precios y capturan valor.

Porque los clientes también cambiarán. Si la tecnología reduce costes y tiempos de forma significativa, exigirán participar de esa eficiencia, ya sea mediante menores honorarios, mayor velocidad o mejores resultados.

Irving es relevante porque plantea una pregunta que trasciende al sector jurídico. Si una organización pudiera diseñarse hoy desde cero, aprovechando plenamente la inteligencia artificial, ¿mantendría la misma estructura, la misma forma de financiarse y el mismo modelo operativo que hace treinta años?

La primera revolución de David Fox cambió quién ganaba en la abogacía. La segunda podría cambiar qué significa realmente ser una firma profesional. 

 

 

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