Simonetta Buccellato

Con una trayectoria internacional que combina el derecho, el lenguaje y los negocios, Simonetta Buccellato ha construido un perfil profesional poco convencional dentro del mundo jurídico. Abogada calificada en Italia y traductora legal certificada ante el Tribunal de Milán.

 

Hoy, desde su rol en el Global LegalTech Hub, impulsa alianzas internacionales que conectan profesionales, empresas y academia en el ecosistema legaltech. Al mismo tiempo, como cofundadora de LexTranslate, lidera una red global de lawyer-linguists que redefine la manera en que se abordan las traducciones jurídicas en un contexto cada vez más internacional.

 

Esta visión culmina en LexBridgers, donde actúa como socia estratégica en proyectos de expansión e inteligencia, liderando el despliegue operativo de firmas que buscan consolidarse en nuevos mercados legales y opera como el punto di conexión vital entre las necesidades de los abogados y las respuestas tecnológicas que impulsan su transformación. 

 

 Su recorrido, que incluye experiencia previa en derecho comercial, concursal, se complementa con una fuerte impronta internacional gracias a experiencias profesionales en el Tribunal de Justicia de la UE y en la Comision europea, y una mirada que integra lo técnico con lo humano. En esta entrevista, Simonetta comparte reflexiones sobre su camino profesional, sus motivaciones personales y la forma en que entiende el equilibrio entre carrera, vínculos y propósito.

 

Si no hubieras estudiado derecho, ¿a qué te habría gustado dedicarte?
Si no hubiera estudiado derecho, probablemente me habría orientado hacia una actividad vinculada con la naturaleza. Es un entorno que siempre me ha conectado con lo esencial: el aire libre, el sol, los ritmos más simples de la vida. Creo que no es casualidad, sino algo que viene de mi historia personal. Crecí en Sicilia, donde tenemos una casa de campo familiar, donde la naturaleza siempre ha estado muy presente, entre olivos y campos de grano.

 

Hay algo muy particular en ese vínculo: la naturaleza necesita cuidado, atención, constancia, y eso siempre me ha resultado familiar. Quizás también por la influencia de mi padre, que era cirujano, una persona muy dedicada a cuidar a los demás, pero que al mismo tiempo tenía una gran pasión por las plantas y por todo lo vivo. Esa combinación de cuidado y respeto por lo que crece ha estado muy presente en mí.

 

Al mismo tiempo, hay una parte social que siempre aparece en mi. Me interesa acompañar, ayudar y generar algún tipo de impacto positivo en los demás. Lo he vivido en distintas etapas: desde un voluntariado en Mali, donde durante un mes trabajé con niños huérfanos organizando talleres de música para enseñarles que podían aprender un oficio y no depender de la limosna, hasta experiencias más recientes en Barcelona con la asociación En Bici Sense Edat, llevando en bicicleta a personas mayores o con movilidad reducida para redescubrir la ciudad, los parques y el mar desde una bicicleta.

 

En el fondo, creo que esa dimensión social también está conectada con el derecho. Es otra forma de cuidado, más estructurada, más normativa, pero con la misma idea de fondo: acompañar, proteger y generar posibilidades.

 

¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener?
Tengo una memoria muy precisa para números, fechas y eventos, incluso de cosas que ocurrieron hace muchos años. Mis amigos cercanos lo saben bien y suele ser casi un chiste: digo cosas como “mi computadora de a bordo dice que eso pasó tal día y en tal momento”, aunque estemos hablando de situaciones de hace veinte años. Es algo bastante espontáneo en mí, no lo busco, simplemente se queda.

 

Con el tiempo, me he dado cuenta de que esa forma de funcionar también tiene un lado muy práctico. Me da una tendencia natural al orden, a la precisión y a la coherencia en los detalles. De hecho, en el entorno profesional eso ha hecho que acabe asumiendo responsabilidades relacionadas con la gestión financiera y el control de números en la empresa, asegurándome de que todo encaje y esté bien estructurado. Es una mezcla entre intuición y rigor que me resulta bastante natural.

 

Si tuviera que elegir un superpoder, sin duda me gustaría tener el teletransporte, por la posibilidad de estar más cerca de las personas a las que quiero, especialmente cuando la distancia o el tiempo lo complican. ¡Poder aparecer en distintos lugares en cuestión de segundos para compartir momentos reales sería fantástico!

 

¿Cómo te imaginás dentro de algunos años?
Me imagino, en primer lugar, rodeada de la gente que quiero: mi familia y mis amigos, manteniendo esos vínculos muy presentes y cuidándolos con el tiempo. También me visualizo llevando una vida activa, moviéndome mucho (si el cuerpo me lo permite), haciendo deporte y viajando siempre que sea posible, con esa curiosidad por descubrir lugares y personas que no se pierde con los años.

 

En el plano profesional, me gustaría seguir en una dinámica que me resulte estimulante y que no se sienta como algo separado de quien soy. He tenido la suerte de poder dedicarme siempre a cosas que me gustan, y espero que eso continue así. Me motiva especialmente poder trabajar en entornos donde, además del componente técnico, pueda aportar también esa parte más humana y social que forma parte de mí: la capacidad de conectar personas, de facilitar relaciones, de entender necesidades y traducirlas en colaboraciones reales.

 

En el fondo, me imagino en un equilibrio entre vida personal y profesional que se retroalimentan: por un lado, una vida personal rica en relaciones y experiencias; por otro, un trabajo que me siga permitiendo crecer y aportar valor a las personas con las que colaboro, no solo desde lo técnico, sino también desde las habilidades más relacionales y humanas que he ido desarrollando con el tiempo.

 

¿Qué te da confianza en vos?
Me da confianza el hecho de ser una persona bastante decidida y, al mismo tiempo, muy respetuosa conmigo misma. Cuando aparecen momentos de duda, suelo interpretarlos más como una señal interna que como un bloqueo: muchas veces siento que es mi intuición indicando que algo no encaja del todo o que no es el camino adecuado.

 

A lo largo de mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional, cuando no me he sentido en el lugar correcto, he sido capaz de tomar la decisión de detenerme, dar un paso atrás o cerrar una etapa sin alargar situaciones que no me convencían. No siempre es fácil, pero creo que esa capacidad de poner límites me ha ayudado a tomar decisiones más firmes y coherentes conmigo misma.

 

Me guío bastante por una combinación de intuición, prudencia y también corazón. Escucho, observo, recopilo información y opiniones, pero luego intento volver a un punto muy personal: lo que realmente siento que tiene sentido para mí. Creo que la confianza viene justamente de ahí, de conocerse lo suficiente como para poder elegir con más claridad hacia dónde ir, incluso cuando no todo es completamente evidente desde fuera.

 

¿Tenés alguna frase o lema que te represente?
En el corazón del invierno, descubrí que en mí había un verano invencible”, de Camus. Es una frase que me representa porque, en un momento complicado, entendí que tengo bastante más energía de la que pensaba y que, cuando hace falta, sale sola.

 

Y después hay un dicho siciliano que me encanta: “Comu veni, si cunta”. Básicamente significa “como venga, se resuelve”. Tiene algo muy práctico y con humor: no sirve de mucho hacerse películas antes de tiempo, mejor ver qué pasa y adaptarse cuando llegue. ¡A veces consigo aplicarlo, otras menos!

 

¿Qué cosas cotidianas te hacen feliz?
Desayunar con mi familia un domingo por la mañana en pijama, sin pensar demasiado en la hora. Salir en bici temprano, cuando la ciudad todavía está medio dormida y los parques están tranquilos. ¡Y comer un buen helado al estilo siciliano!

 

También me hacen feliz las cosas inesperadas: un regalo sin motivo, un pequeño detalle o un mensaje fuera de contexto. Son cosas simples, pero justo por eso te alegran el día de verdad.

 

¿Qué situaciones te generan mal humor?
Me incomoda un poco la queja constante sin intención de cambiar nada, la típica “queja por deporte”, porque siento que no aporta demasiado. Soy una persona bastante práctica, si aparece un problema, me gusta buscar cómo resolverlo o al menos avanzar en esa dirección. No soy muy de quedarme en la inercia o en la queja sin más, prefiero moverme hacia soluciones.

 

También me pasa cuando se dan las cosas por sentadas, sobre todo en lo personal: me gusta cuidar a la gente que quiero y valoro mucho cuando eso se reconoce.

 

¡Y luego están las cosas mucho más cotidianas… como las migas de pan en el suelo o en la encimera de la cocina! Detalles pequeños, pero con una capacidad sorprendente de desordenarme el ánimo por un momento.

 

¿Qué haces para desconectarte o recargar energías?
Nadar, pasear por la naturaleza, estar al aire libre y bajar un poco el ritmo. Y luego hay cosas más cotidianas pero igual de efectivas, como cocinar sin prisa o hacer alguna actividad con mi familia como una salida en bici o una caminata por las colinas de Barcelona o cerca del mar.

 

¿Cómo te llevás con el silencio?
Me llevo bien con el silencio. A veces lo necesito y lo busco, porque me ayuda a desconectar y a ordenar un poco la cabeza. No me resulta incómodo, al contrario, puede ser un espacio muy agradable.

 

También me siento cómoda en silencio con otras personas, especialmente cuando hay confianza.

 

¿Qué te emociona?
Me emociona escuchar canciones que le gustaban a mi padre, porque me conectan directamente con él y con recuerdos muy vivos. También algunas películas que hablan del amor en sentido amplio, no solo romántico, sino como cuidado, vínculos y humanidad. Me ha emocionado ver lugares espectaculares del mundo con una naturaleza muy salvaje, como por ejemplo el Salar de Uyuni en Bolivia o la Patagonia.

 

Y me emociona mucho todo lo que tiene que ver con el impacto en los demás: ver una sonrisa en las personas con las que hago voluntariado, especialmente cuando siento que ese rato compartido les aporta algo. También cuando un proyecto en el que he trabajado durante tiempo empieza a dar resultados.

 

Además, me emociona mucho ver fotos de momentos del pasado: tienen una fuerza especial, porque en un instante te devuelven a lugares, personas y sensaciones que creías un poco olvidadas, y es como volver a vivirlos por un momento.

 

¿Qué te da orgullo?
Me da orgullo haber sabido atravesar distintos momentos difíciles en mi vida manteniendo una actitud positiva y constructiva. No siempre es sencillo, pero con el tiempo he aprendido a gestionar las situaciones sin perder energía ni perspectiva.

 

También me enorgullece mucho el reconocimiento que he ido recibiendo a lo largo de mi trayectoria profesional. He tenido la suerte de conocer a muchas personas en etapas anteriores, en instituciones europeas o en despachos internacionales, y ver cómo con el tiempo esas relaciones se han mantenido e incluso se han transformado: algunos exjefes o compañeros hoy son clientes o colaboradores. Tanto en Lextranslate como en LexBridgers y en mi trabajo con el Global LegalTech Hub, en el ámbito de las alianzas internacionales, es muy bonito comprobar que la gente te recuerda, te valora y responde de forma inmediata cuando los contactas, con una base de confianza construida con el tiempo.

 

Me hace especialmente ilusión ver cómo todo eso no es casual, sino el resultado de relaciones que se han ido construyendo con naturalidad, a través del tiempo, la coherencia y el trabajo compartido. Y también me enorgullece haber logrado algo que no siempre es fácil: combinar el trabajo con una amistad sólida con mi socia, que me acompaña desde el liceo, pasando por la universidad, el Erasmus y todos nuestros proyectos profesionales. Poder crecer juntas sin perder esa complicidad es algo que valoro profundamente.

 

En lo personal, también me enorgullece sentirme presente en la vida de las personas que quiero y estar rodeada de vínculos sólidos. Para mí, es una señal de haber actuado de una manera coherente y honesta a lo largo del tiempo.

 

Si pudieras automatizar una parte de tu día… ¿cuál sería?
¡Lavar los platos, sin duda!

 

¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad?
Las actividades manuales, como cocinar, plantar plantas, pintar objetos, porque me obligan a estar en el momento y a improvisar sin demasiada estructura.

 

También me pasa cuando estoy con niños: su manera de ver el mundo es tan directa y libre que te arrastra a una lógica mucho más simple y genuina, donde todo es más inmediato y menos condicionado.De hecho, a veces esa experiencia te hace darte cuenta de las capas y “estructuras” que uno va acumulando con la edad. Y en ese contraste es donde siento que aparece la creatividad de forma más natural.

 

¿Qué aprendiste haciendo algo que parecía “fuera de tu mundo”?
Aprendí a gestionar el miedo de una forma muy distinta a como lo haría en mi “zona de confort”. Hice surf, que para mí era completamente fuera de mi mundo, y la experiencia es bastante intensa: estás delante del mar y las olas y muchas veces la primera reacción es pensar “no, no, no”.

 

Recuerdo perfectamente que llegaba a la orilla y lo miraba con respeto, pero al final siempre terminaba siendo la primera en entrar al agua y lanzarme. Es una mezcla curiosa entre adrenalina y una especie de meditación forzada: no puedes controlar las olas, así que solo puedes respirar, insistir y seguir.

 

Me ayudó mucho a entender que el miedo no desaparece antes de actuar, sino después. Y que, si consigues sostener ese momento de duda inicial, eres capaz de ir mucho más lejos de lo que pensabas.

 

¿Qué viaje tenés pendiente y te gustaría hacer?
Un viaje en bicicleta de varios días por la naturaleza. También me gustaría volver a viajar en caravana; lo hice varias veces cuando era niña con mi familia, recorriendo Europa, y lo repetí el año pasado en Noruega. Me atrae especialmente esa sensación de libertad: moverse sin demasiadas ataduras, cambiando de lugar según el día y el estado de ánimo. Hay algo muy especial en este tipo de viajes, donde el propio trayecto se convierte en una parte central de la experiencia. Y me encantaría ver la aurora boreal!

 

 

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